Mireya como la del tango...

-Me llamo Mireya 
-Como la del tango 
-Si, como la del tango  
-¿Pero vos no sos rubia? 
-No, pero igual me llamo Mireya 

Cuando yo era chica este dialogo se repetía una y otra vez cada vez que decía mi nombre.

Es verdad que no era un nombre muy común pero a mi papá le gustaba porque era un enamorado del tango. Y así crecí yo, justificando siempre mi nombre, entre los amores por el tango y mis deseos profundos de llamarme Mónica como Soledad Silveyra en la telenovela "Rolando Rivas taxista".

Cuando la lengua francesa pasó a formar parte de mi vida, me acostumbré a que me llamaran Mireille, o mismo Mireiá con un inevitable acento francés. Y un buen día, volví a imponer mi nombre a lo argentino MIREYA con una Y bien sonante porque para mi el Mireille provenzal del poeta Fréderic Mistral (sin sacarle ningún mérito) no significa nada. 

Para mi, para mi corazón, el importante es el Mireille, ese que los argentinos apasionados por la cultura francesa lo tradujeron por Mireya. Y más importante aún es la referencia concreta a la famosa "Rubia Mireya tanguera" por la que mi padre me puso el nombre. La que se encuentra en el sainete de Manuel Romero: una Mireya feliz, que bailaba tangos, conquistaba corazones y se casó con un hombre adinerado y de buena familia. O esa otra Rubia Mireya que Romero retrató más tarde en el tango "Tiempos viejos". Esa Mireya "tan linda de joven que se formaba rueda para verla bailar" y que con el correr de los años se transformó en "una pobre mendiga harapienta". O también la otra Mireya protagonizada en el cine por Mecha Ortiz.

Yo no soy rubia, no soy producto de la imaginación de poetas (aunque mi padre lo era), no soy ni compadrita ni heroína y no bailo tango pero estoy segura que mi nombre Mireya, de una u otra manera, me ha marcado. 
Lo digo por la ternura que siento cuando oigo tangos o veo, reveo imágenes como ésta (aunque muchos no la consideren representativa) que me llenan de emoción:






Al Pacino bailando Por Una Cabeza (Perfume de Mujer)



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