- Me llamo Mireya como la del tango - Si, como la del tango - ¿Pero vos no sos rubia? - No, pero igual me llamo Mireya Cuando yo era chica este diálogo se repetía una y otra vez cada vez que decía mi nombre. Es verdad que no era un nombre muy común pero a mi papá le gustaba porque era un enamorado del tango. Y así crecí yo, justificando siempre mi nombre, entre los amores por el tango y mis deseos profundos de llamarme Mónica como Soledad Silveyra en la telenovela " Rolando Rivas taxista ". Cuando la lengua francesa pasó a formar parte de mi vida, me acostumbré a que me llamaran Mireille, o mismo Mireiá con un inevitable acento francés. Y un buen día, volví a imponer mi nombre a lo argentino MIREYA con una Y bien sonante porque para mi el Mireille provenzal del poeta Fréderic Mistral ( sin sacarle ningún mérito) no significa nada. Para mí, para mi corazón, el importante es el Mireille, ese ...
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