Cuando estallaron las manifestaciones en repudio a la violencia policial, el llamado ciudadano de justicia, la condena, el gesto de hincarse de rodillas, en respuesta a la salvaje muerte de George Floyd el pasado 25 de mayo, se sumó también el tema de la “retrocensura”, esa censura sobre hechos, obras o personajes del pasado. Eliminar toda representación cultural y patrimonio histórico que pueda referirse a la desigualdad y al pasado turbio para imponer una revisión y transformación de la historia volvió a ser noticia en medio de los movimientos reivindicativos. La destrucción de estatuas esclavistas, personajes cuestionados, el boicot a lo que antes eran obras de arte, son una tendencia que sirve, sin duda, para dar visibilidad a los reclamos pero no resuelven los graves problemas y debates sobre el racismo. ¿Se deben prohibir obras, monumentos o personalidades pasadas? ¿Todo debe ir a la hoguera o sacarlo de catálogos, de museos, de bibliotecas? ¿Se deben prohibir las películas...
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