Hace un par de meses escribí una entrada que contaba lo que me gusta de la poesía: la sencillez, la transparencia. Decía que me gusta compartir una poesía con mis hijos y hablé de esos versos que mi marido recordaba, una poesía que había aprendido de chico y que le habían transmitdo las ganas de viajar, de partir, de descubrir lugares para aprender a añorar y a querer su tierra. Un poema de Joachim Du Bellay ¡ Feliz quien, como Ulises, ha hecho un largo viaje, igual que aquel que consquistó el toisón, y ha regresado, sabio y lleno de experiencia, para vivir entre su gente el resto de sus días! ¿Cuándo volveré a ver, ay, de mi pequeño pueblo humear la chimenea, y qué estación será cuando vea de nuevo el jardín de mi pobre casa, que es para mí todo un reino, y mucho más aún?... Y el otro día, en una sala de espera, leí un artículo sobre el Síndrome de Ulises, ...
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