Hablemos, hablemos y después lo sabremos II


Mientras esperamos el 31 de diciembre, los invito a tomar un té (a los del norte) o una piña colada (a los del sur) y a hablar de cosas varias para matar el tiempo. Veamos... ¿A quién no le gusta escribir la letra ñ? A mi me encanta, y siempre me esmero en hacer prolijamente esa ola arriba de las dos montañitas? Les cuento esto porque ayer encontré entre mis papeles un mensaje que escribió hace algunos años la escritora argentina María Elena Walsh. En él hacía una abierta protesta contra una "posible desaparición de la letra Ñ" y viendo como viene la cosa con tantos cambios en nuestro idioma sería bueno recordar la importancia de luchar por la supervivencia de ciertas letras, como la ñ, una letra muy útil y una de las más lindas. Me permito transcribirles algunas frases del largo texto que María Elena escribió en honor a la niña bonita del alfabeto:

"Señoras, señores, compañeros, ¡amados niños! ¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración (...) ya nos han traducido el pochoclo (...) ¿Quieren decirme que haremos con nuestros sueños? Entre la fauna en peligro de extinción ¿figuran los ñandués ?(...) ¿Qué será del Año Nuevo, el tiempo de ñaupa? (...)
"La ortografía también es gente", escribió Fernando Pessoa, y como la gente, sufre variadas discriminaciones. Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules como la W o la K. Otros pobres morochos de Hispanoamérica como la Ñ (...) que está en peligro de pasar al bando de los desocupados después de rendir tantos servicios (...) sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza (...) que es algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable..."

(Ilustración de Alejandra Viacava)

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