Semana enamorada

Cuando me enamoré por primera vez le pregunté a mi madre qué era estar enamorada y como a tantas de mis preguntas, mamá me respondió con un poema. Eligió un poema del poeta argentino Francisco Luis Bermúdez: "Estar enamorado". Solo transcribo algunas líneas que maracaron mi adolescencia permanentemente enamorada.


Estar enamorado, amigos, es encontrar el nombre justo
de la vida.
Es dar al fin con la palabra que para hacer frente a
la muerte se precisa.
Es respirar el ancho viento que por encima de la carne
se respira.
Es advertir en unos ojos una mirada verdadera que
nos mira.
Es escuchar en una boca la propia voz profundamente
repetida.
Es sorprender en unas manos ese calor de la perfecta
compañía.
Es sospechar que, para siempre, la soledad de nuestra
sombra está vencida.
Es percibir en el desierto la cristalina voz de un río
que nos llama.
Es apoyar los ojos tristes en un paisaje de cigüeñas
y campanas.
Es ocupar un territorio donde conviven los perfumes
y las armas.
Estar enamorado, amigos, es adueñarse de las noches
y los días.
Es olvidar entre los dedos emocionados la cabeza
distraída.
Es ir leyendo lo que escriben en el espacio las primeras
golondrinas.
Es ver la estrella de la tarde por la ventana de una
casa campesina.
Es contemplar un tren que pasa por la montaña con las
luces encendidas.

Es ignorar en qué consiste la diferencia entre la pena
y la alegría.
Es despertarse una mañana con el secreto de las flores
y las frutas.
Es compartir la luz del mundo y al mismo tiempo compartir
su noche oscura.
Es asombrarse y alegrarse de que la luna todavía
sea luna.
Es comprobar en cuerpo y alma que la tarea de ser hombre es menos dura.


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